sábado, 8 de septiembre de 2018

Una noche te das cuenta...

Sola, con la mente inquieta y el corazón destrozado.

Una noche como estas, te entra de repente un puñado de recuerdos, de desilusión y una tristeza tan profunda... A esto le llamo yo, "depresión nocturna". Porque en la noche es cuando más ruido hacen todos esos recuerdos y de allí  inevitablemente el llanto, junto con un ruego a la vida y a Dios, para sanar esas heridas.

El llanto. En una noche como estas, pasa que llueve tanto adentro, que desbordamos; desbordamos tristeza, desespero, angustia, dolor... Y entonces se vuelve inevitable, pues en una noche como estas, somos más emoción que razón. Y mientras el alma desocupa todo aquello que nos llueve por dentro, llega un poco de alivio. Porque después de una gran tormeta, viene la calma..  O al menos eso me gusta pensar.

Siempre es bueno tener esas noches de depresión de vez en cuando. Es allí donde aprender a reconciliarnos con nosotros mismos, a transformar aquellas nubes grises en una bella obra de arte de colores grises. Porque al final del día, en aquellas noches, en noches como estas, estas tú, y solo tú, al borde del abismo, salvándote, cuidándote y amándote como el gran y valioso tesoro que eres.


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